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Castillo de Edimburgo: la fortaleza que forjó Escocia

Mil años de historia escocesa sobre una roca volcánica. El castillo, las joyas de la corona y los secretos de Castle Rock.

10 de febrero de 2026
7 min de lectura
Castillo de Edimburgo: la fortaleza que forjó Escocia

Pocas fortalezas en el mundo han visto pasar tanta historia desde un punto tan alto. El Castillo de Edimburgo se eleva 130 metros sobre el nivel del mar, encaramado sobre Castle Rock, el núcleo de un volcán extinto que lleva 350 millones de años dominando el paisaje escocés. Tres de sus lados son acantilados verticales de roca basáltica. El cuarto, la única pendiente accesible, está bloqueado por murallas, cañones y siglos de arquitectura militar diseñada para que nadie que no fuera bienvenido pudiera llegar arriba. Durante más de mil años, quien controlara ese peñasco controlaba Escocia. Y esa es exactamente la razón por la que hoy sigue siendo el monumento más visitado del país.

La roca que forjó una nación

Castle Rock no fue elegido por accidente. La geología hizo el trabajo: cuando el glaciar de la última Edad de Hielo se retiró hace unos 12,000 años, arrastró el paisaje alrededor del tapón volcánico, pero la roca basáltica resistió, creando un promontorio natural inexpugnable. Los primeros asentamientos fortificados datan de la Edad de Hierro, pero la historia documentada del castillo comienza con el rey David I, quien en 1130 ordenó construir la Capilla de Santa Margarita en honor a su madre. Ese edificio, una pequeña capilla románica con un arco de medio punto y ventanas austeras, sigue en pie. Es el edificio más antiguo de Edimburgo, y probablemente el único que María Estuardo reconocería si regresara hoy.

Castillo de Edimburgo desde Princes Street Gardens
Vista del castillo desde Princes Street Gardens, con la fuente de Ross en primer plano

Los Honours of Scotland: las joyas de la corona más antiguas de Gran Bretaña

En la Crown Room del castillo, bajo una vitrina de seguridad, reposan los Honours of Scotland: la corona, el cetro y la espada del estado. Son las joyas de la corona más antiguas de las Islas Británicas. La corona fue fabricada en Escocia y en su forma actual data de 1540, aunque incorpora oro de una corona anterior del siglo XV. El cetro y la espada, en cambio, son regalos italianos: fueron encargados por el Papa Julio II y enviados al rey Jaime IV a principios del siglo XVI como reconocimiento a su defensa de la fe católica. Juntas, estas piezas coronaron a los monarcas escoceses desde María Estuardo en 1543 hasta Carlos II en 1651. Después de la unión de las coronas con Inglaterra, las Honours quedaron en desuso y fueron guardadas en un baúl cerrado con llave. En 1818, el escritor Walter Scott lideró una búsqueda para encontrarlas. Cuando abrieron el cofre en una habitación polvorienta del castillo, las joyas seguían ahí, intactas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico temió que las Honours cayeran en manos nazis si Alemania invadía el Reino Unido. La solución fue esconderlas dentro del propio castillo: la corona y algunas joyas fueron enterradas bajo el suelo de un baño, mientras que el cetro, la espada y la vara ceremonial fueron emparedados en un muro. La guerra terminó, las Honours fueron devueltas a su vitrina, y hoy los visitantes pueden verlas junto a la Piedra del Destino, la roca sobre la que los reyes escoceses eran coronados y que Inglaterra había llevado a Westminster durante siete siglos antes de devolverla en 1996.

María Estuardo y el nacimiento de un rey

El 19 de junio de 1566, en una pequeña habitación del castillo conocida como la Cámara del Nacimiento, María Estuardo dio a luz a su único hijo: Jaime. La reina había huido del Palacio de Holyroodhouse tras el brutal asesinato de su secretario David Rizzio, apuñalado frente a ella por conspiradores que incluían a su propio esposo, Lord Darnley. El castillo, con sus muros y acantilados, era el lugar más seguro de Escocia. Ese niño, Jaime VI de Escocia, crecería para convertirse también en Jaime I de Inglaterra cuando Isabel I murió sin descendencia en 1603, uniendo por primera vez las coronas de ambos reinos. La habitación donde nació sigue siendo visitable, y las paredes de piedra guardan el eco de una de las noches más tensas de la historia escocesa.

Royal Mile iluminada al atardecer
La Royal Mile conecta el castillo con el Palacio de Holyroodhouse, atravesando el corazón de la Ciudad Vieja

Mons Meg y el cañón de la una

Junto a la Capilla de Santa Margarita descansa Mons Meg, un cañón de asedio medieval con un calibre de 510 milímetros, uno de los más grandes jamás construidos. Fue fabricado en 1449 por orden de Felipe el Bueno, duque de Borgoña, y enviado como regalo al rey Jaime II de Escocia en 1454. Mons Meg disparaba proyectiles de piedra de 150 kilogramos a una distancia de más de tres kilómetros, y su rugido debía escucharse por toda la ciudad. Hoy es una pieza de museo, pero el castillo conserva otra tradición sonora: el cañón de la una. Cada día, excepto domingos, Navidad y Viernes Santo, un cañón dispara a las 13:00 en punto. La costumbre comenzó en 1861 para que los barcos anclados en el estuario del Firth of Forth pudieran sincronizar sus cronómetros. El disparo se escucha en gran parte de Edimburgo, y los turistas se agolpan en las murallas para presenciarlo.

Visitar el castillo hoy

El acceso al castillo es por la empinada Royal Mile, la arteria que conecta la fortaleza con el Palacio de Holyroodhouse. Tras cruzar la puerta principal y el puente levadizo, el recorrido serpentea por patios escalonados, pasando por las prisiones de guerra, el Museo Nacional de Guerra de Escocia, la Gran Sala con su impresionante techo de vigas de madera, y finalmente la Crown Room. Desde las murallas, las vistas de Edimburgo son totales: Princes Street, Calton Hill, el estuario del Forth, Arthur's Seat. En días despejados, se ve hasta Fife al otro lado del agua. La visita completa toma entre dos y tres horas si se leen los paneles informativos, se entra en todas las salas y se espera el cañonazo de la una. Y si el castillo parece familiar sin haberlo visitado nunca, puede ser porque ha aparecido en decenas de películas, desde «One Day» hasta documentales de la BBC.

El Edimburgo subterráneo

Debajo de la Royal Mile existe otra ciudad. Las bóvedas de Blair Street, selladas durante siglos, son un laberinto de cámaras de piedra que se usaron como talleres, almacenes y, según la leyenda, refugio durante las epidemias de peste. Edimburgo se construyó literalmente sobre sí misma: cuando la ciudad medieval se quedó sin espacio horizontal, construyeron nuevas calles encima de las antiguas, enterrando plantas enteras de edificios. Las Mary King's Close, hoy visitables bajo el ayuntamiento, son calles completas del siglo XVII conservadas bajo tierra. Los tours nocturnos por estas bóvedas combinan historia real con relatos de fantasmas que, estés o no en lo sobrenatural, ponen los pelos de punta.

Whisky con vistas al castillo

A pocos metros de la explanada del castillo, la Scotch Whisky Experience ofrece un recorrido por las regiones productoras de Escocia —desde los ahumados de Islay hasta los florales de las Highlands— y alberga la colección más grande del mundo de whisky escocés: casi 3.500 botellas. Para los que prefieran algo más informal, los pubs de Grassmarket, justo bajo las murallas del castillo, sirven whiskies de malta única con la mejor vista posible: las torres y almenas recortadas contra el cielo escocés.

Más allá de las murallas

El Castillo de Edimburgo no es solo piedra y cañones. Es el símbolo físico de la identidad escocesa, el lugar donde la corona nacional se guarda bajo llave, donde nacieron reyes y se libraron asedios que cambiaron el mapa de Europa. Y sigue vivo: cada agosto, durante el Edinburgh Military Tattoo, las explanadas del castillo se convierten en el escenario de uno de los espectáculos militares y musicales más grandes del mundo, con bandas de gaitas, proyecciones sobre las murallas y fuegos artificiales que iluminan Castle Rock como si la fortaleza volviera a la guerra. Solo que ahora, en lugar de defenderse, el castillo celebra.

Si la historia del Castillo de Edimburgo te ha dejado con ganas de explorar la capital escocesa a fondo, en nuestra guía de fin de semana en Edimburgo encontrarás itinerarios con mapas de Google Maps, rutas por la Royal Mile, los mejores pubs tradicionales, cómo llegar desde el aeropuerto y todos los datos prácticos para aprovechar cada hora en la ciudad.

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