Cultura

Las regiones vinícolas de Francia: un viaje entre viñedos

De Borgoña a Champaña, de Alsacia a Provenza. Guía para recorrer las regiones vinícolas francesas, entender el sistema AOC y descubrir el alma del terroir.

10 de febrero de 2026
7 min de lectura
Las regiones vinícolas de Francia: un viaje entre viñedos

Francia no inventó el vino, pero lo convirtió en arte. Los griegos de Focea plantaron las primeras viñas en Provenza hace unos 2.600 años y los romanos extendieron la viticultura por toda la Galia, pero fueron los monjes medievales — sobre todo los cistercienses de Borgoña — quienes empezaron a estudiar cómo cada parcela de tierra producía un vino distinto. Esa obsesión por el suelo, el clima y la orientación de la ladera tiene hoy un nombre que el mundo entero ha adoptado sin traducir: terroir. Con cerca de 790.000 hectáreas de viñedo, unas 363 denominaciones de origen (AOC/AOP) y una producción que en 2025 se estima en 35,9 millones de hectolitros — la segunda del mundo tras Italia —, Francia sigue siendo la referencia global del vino. Pero las cifras no cuentan lo mejor: lo mejor es recorrer esas regiones con los pies en la tierra, una copa en la mano y el paisaje desplegándose entre hileras de cepas.

Borgoña: donde cada parcela tiene nombre propio

Si hay un lugar en el mundo donde el concepto de terroir alcanza su expresión más radical, es Borgoña. Sus viñedos se extienden unos 250 kilómetros de norte a sur, desde Chablis hasta el Mâconnais, pero la esencia se concentra en una franja estrecha llamada Côte d'Or — la Ladera de Oro —, dividida a su vez en Côte de Nuits al norte y Côte de Beaune al sur. Aquí, dos únicas variedades de uva reinan casi sin competencia: Pinot Noir para los tintos y Chardonnay para los blancos. Lo extraordinario es que parcelas vecinas, separadas a veces por un simple camino de tierra, producen vinos radicalmente diferentes. Los borgoñones lo explican por la combinación de suelo calcáreo, exposición solar y microclima, y han clasificado sus viñedos en cuatro niveles: regional, village, premier cru y grand cru, un sistema de 84 denominaciones que representa más del 23% de todas las AOC de Francia. El Clos de Vougeot, un viñedo amurallado de 50,6 hectáreas creado por los monjes cistercienses del abadía de Cîteaux entre los siglos XII y XIV, es el símbolo de esa tradición: los monjes ya separaban las cuvées de distintas partes de la parcela para conseguir un vino superior.

Château du Clos de Vougeot rodeado de viñedos en Borgoña
El Château du Clos de Vougeot, viñedo amurallado creado por los monjes cistercienses en el siglo XII

Beaune y la subasta más antigua del mundo

La ciudad de Beaune es la capital oficiosa del vino de Borgoña, y su monumento más célebre no es una iglesia ni un castillo, sino un hospital. Los Hospices de Beaune — el Hôtel-Dieu — fueron fundados en 1443 por Nicolas Rolin, canciller del ducado de Borgoña, como hospital para los pobres. Su patio interior, con tejados de tejas vidriadas en patrones geométricos de colores que se han convertido en icono de la región, es una de las imágenes más reconocibles de Francia. Pero lo que hace únicos a los Hospices es su viñedo de 60 hectáreas, compuesto en un 85% por parcelas clasificadas como premier cru y grand cru, cuya producción se subasta cada año el tercer domingo de noviembre. Celebrada desde 1859, es la subasta benéfica de vino más antigua del mundo, y sus precios marcan la tendencia del mercado borgoñón para toda la cosecha. La subasta se enmarca en Les Trois Glorieuses, tres días de fiesta dedicados a la gastronomía y los vinos de Borgoña que transforman Beaune en una celebración continua.

Patio interior de los Hospices de Beaune con sus tejados de tejas vidriadas de colores
Los Hospices de Beaune y sus icónicos tejados de tejas vidriadas, sede de la subasta de vinos más antigua del mundo

Beaujolais: el Gamay y la fiesta del vino nuevo

Justo al sur de Borgoña, el Beaujolais ofrece un contraste fascinante. Mientras Borgoña venera al Pinot Noir, aquí la protagonista absoluta es la uva Gamay, expulsada de los viñedos borgoñones por decreto en el siglo XIV y que encontró su hogar ideal en los suelos graníticos de esta región. El Beaujolais es conocido mundialmente por el Beaujolais Nouveau, un vino joven que se pone a la venta a las 00:01 del tercer jueves de noviembre. La tradición se remonta al siglo XIX, cuando los viticultores brindaban con el vino recién hecho para celebrar el fin de la vendimia. En los años 70 y 80, el productor Georges Dubœuf lo convirtió en un fenómeno global con el famoso eslogan «Le Beaujolais Nouveau est arrivé!» y una carrera para llevar las primeras botellas a París y más allá. Pero el Beaujolais es mucho más que el Nouveau: cuenta con diez crus — Moulin-à-Vent, Fleurie, Morgon, Brouilly, entre otros — que producen tintos de gran personalidad capaces de envejecer durante años. La Roca de Solutré, un espectacular escarpe calcáreo de 493 metros que se eleva sobre los viñedos del Mâconnais, marca la frontera visual entre Borgoña y Beaujolais y domina la denominación Pouilly-Fuissé, clasificada premier cru desde 2020.

Más allá de Borgoña: un país de mil viñedos

Borgoña y Beaujolais son el corazón vinícola que recorre nuestra guía de 14 días por Francia, pero el mapa de regiones vinícolas francesas se extiende mucho más allá. Champaña, al noreste de París, es la patria del vino espumoso más célebre del planeta. El método champenoise — una segunda fermentación en botella — transforma las uvas Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay en burbujas que ninguna otra región del mundo puede llamar champán. Alsacia, en la frontera con Alemania, produce blancos aromáticos de Riesling, Gewürztraminer y Pinot Gris que representan el 90% de su producción, en un paisaje de pueblos con entramado de madera y viñedos en terrazas que recorren la Ruta del Vino de Alsacia a lo largo de 170 kilómetros. El Valle del Loira, el jardín de Francia, ofrece una diversidad asombrosa: Chenin Blanc en Vouvray, Sauvignon Blanc en Sancerre, Cabernet Franc en Chinon, todo a orillas del río más largo de Francia y salpicado de castillos renacentistas. El Valle del Ródano se divide en dos mundos: al norte, la Syrah reina en laderas empinadas como Hermitage y Côte-Rôtie; al sur, los vinos de Châteauneuf-du-Pape mezclan hasta trece variedades de uva bajo el sol mediterráneo. Y Provenza, la región vinícola más antigua de Francia con 2.600 años de historia, dedica hoy casi toda su producción al rosado, un vino que ha dejado de ser un capricho veraniego para convertirse en fenómeno mundial.

Entender el terroir: más que un suelo, una filosofía

El sistema francés de denominaciones de origen, creado en 1935 con la fundación del Institut National des Appellations d'Origine (INAO), no es solo una etiqueta: es una filosofía. Una AOC — o AOP, como se denomina desde la armonización europea de 2012 — regula qué variedades de uva se pueden plantar, cómo se podan las vides, la densidad de plantación, el rendimiento máximo por hectárea e incluso el método de vinificación. El objetivo no es uniformizar, sino proteger la identidad de cada lugar. Cuando un borgoñón dice que su vino sabe a su parcela y no a la variedad de uva, no está siendo poético: está describiendo el resultado de siglos de observación. Los climats de Borgoña — esas parcelas de viñedo meticulosamente delimitadas — fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015, reconociendo que representan un modelo único de viticultura basada en el terroir. El viajero que visita las bodegas francesas no solo cata vino: participa en una conversación milenaria entre el ser humano y la tierra.

La Roca de Solutré elevándose sobre los viñedos del Mâconnais en Borgoña
La Roca de Solutré, escarpe calcáreo de 493 metros sobre los viñedos de Pouilly-Fuissé en el sur de Borgoña

Consejos para el viajero enófilo

La vendimia suele tener lugar entre septiembre y octubre, y es el momento más vibrante para visitar las regiones vinícolas: los viñedos se tiñen de dorado, las bodegas hierven de actividad y muchos productores abren sus puertas a los visitantes. Fuera de temporada, la primavera ofrece viñedos verdes y menos turismo. En Borgoña, la Route des Grands Crus recorre 60 kilómetros entre Dijon y Santenay pasando por las parcelas más prestigiosas del mundo. En Beaujolais, las rutas del vino serpentean entre colinas cubiertas de Gamay con paradas en cuevas y domaines familiares donde la degustación suele ser gratuita y la conversación, generosa. Un consejo práctico: en las catas, no hay que sentirse intimidado por el vocabulario técnico. Los viticultores franceses agradecen la curiosidad honesta, y la mejor pregunta siempre es la más sencilla: «Pourquoi ce vin a-t-il ce goût?» — ¿por qué este vino sabe así? La respuesta, invariablemente, empieza señalando al suelo bajo sus pies.

Si quieres recorrer los viñedos de Borgoña y Beaujolais con itinerarios detallados, en nuestra guía de 14 días por Francia encontrarás rutas día a día con mapas de Google Maps, bodegas recomendadas, restaurantes con maridaje local, horarios de visitas y consejos prácticos para disfrutar del vino francés sin perderte nada.

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